El mayor reto del CEO de Blackberry: convencer a su esposa de abandonar Android

John Chen ha confesado en una entrevista que su mujer prefiere los Samsung Galaxy, algo que lo ha avergonzado en reuniones


Blackberry ha pasado algunos años duros. Después de ser uno de los líderes en el mercado de teléfonos inteligentes, ha pasado a tener sólo un 0,70% de cuota. Este año la empresa, bajo las riendas del CEO John Chen, ha dado algunos pasos para reestructurar su plataforma y recuperar terreno. Han puesto el foco en las soluciones empresariales y en los dispositivos «raros». Hace algunos meses presentó su smartphone «Passport», de pantalla cuadrada y con las dimensiones reales de un pasaporte.

El CEO de Blackberry ha señalado que las ventas de su Passport van viento en popa, sin embargo, ha tenido un reto mayor a la hora de motivar la adopción de este dispositivo. Según ha explicado el directivo en una entrevista con Financial Times, su esposa prefiere usar un Samsung Galaxy que la nueva Blackberry.

«Hubo varias fiestas a la que fui y mi esposa llevó con ella un Samsung.Todo el mundo me miró con diversión. Así que eventualmente le dije que debía usar un Blackberry. ‘No, a mi me gusta Samsung’, dijo ella, y le contesté que eso me avergonzaba», confesó el CEO de la empresa canadiense.

El directivo señala que no tiene claro si su esposa sigue usando el Galaxy, que corre con sistema operativo Android, en secreto. Su esposa le confesó que encontraba difícil ajustarse a la nueva Blackberry, algo que Chen ha admitido, le ha sucedido a muchos usuarios que utilizan la Passport por primera vez.

El teléfono tiene unas dimensiones diferentes, por lo que su gestión es casi imposible con una sola mano. «Es difícil al principio, pero una vez lo pillas, en realidad es algo potente. Hace que cualquier otro dispositivo parezca un juguete», defendió.

Chen ha señalado en entrevistas pasadas que la demanda del Passport ha sobrepasado lo esperado y que han decidido centrarse en un 30% del mercado de propietarios de smartphones que ven los teléfonos como una herramienta de trabajo y no en un centro de entretenimiento.